Jackson Katz: La violencia contra las mujeres: un asunto de hombres



 

En este vídeo Jackson Katz habla de que él no ve la violencia contra las mujeres, la violencia machista, como un “asunto de mujeres” sino como “un asunto de hombres”. Llamar a la violencia de género un tema de mujeres, es parte del problema, por un número de razones. La primera es que da a los hombres una excusa para no prestar atención. La manera en que usamos el lenguaje deja fuera la atención a los hombres. Tomemos como ejemplo las siguientes oraciones:


"Juan le pega a María"

"María fue golpeada por Juan"

"María fue golpeada"

"María fue maltratada"

"María es una mujer maltratada"


En la primera oración "Juan le pega a María". Juan es el sujeto. Pega es el verbo. María es el objeto. 


Ahora vamos a pasar a la voz pasiva "María fue golpeada por Juan". Hemos pasado de "Juan le pega a María" a "María fue golpeada por Juan". Hemos cambiado, en una frase, nuestro foco de Juan a María, y se puede ver que Juan está muy cerca del final de la oración,  cerca de salir del asunto. 


En la tercera oración, John sale, y tenemos, "María fue golpeada", y ahora se trata de María. No estamos pensando en John. Se centra totalmente en María. 


Hoy en día, el término que utilizamos sinónimo de "golpeada" es "maltratada", así que tenemos "María fue maltratada". Y la oración definitiva en esta secuencia, que fluye de las demás, es, "María es una mujer maltratada". Así que ahora la identidad de María —María es una mujer maltratada— es lo mismo que lo hecho a ella por Juan en primera instancia. Pero hemos demostrado que Juan hace mucho tiempo ha dejado la conversación.


Culpar a la víctima es algo generalizado, es decir, culpar a la persona a la que se le hizo algo en lugar de a la persona que lo hizo. Y decimos cosas como, ¿por qué estas mujeres salen con estos hombres? ¿Por qué son atraídas por estos hombres? ¿Por qué ellas regresan? ¿Por qué se vistió así para la fiesta?  


Tenemos que hacer un conjunto diferente de preguntas. ¿Por qué Juan le pegó a María? ¿Por qué la violencia doméstica sigue siendo un gran problema en todo el mundo? ¿Qué pasa? ¿Por qué tantos hombres abusan, física, emocional y verbalmente y de otras maneras, de mujeres y niñas, que dicen amar? ¿Qué les pasa a los hombres?


Este es el tipo de preguntas que debemos hacernos. Muchas mujeres que han intentado hablar de estos temas, hoy y ayer y durante años y años, a menudo son abucheadas por sus esfuerzos. Las llamaron con nombres desagradables como "Machacadoras de hombres" y "andro-fóbicas", y el desagradable y ofensivo "feminazi".  ¿Y saben por qué? Porque no nos gusta cuando la gente sacude el barco. No nos gusta cuando la gente desafía nuestro poder.


Necesitamos a más hombres que tengan el coraje y la fuerza de comenzar a levantarse y decir algunas de estas cosas, y estar con las mujeres y no contra ellas.  


El objetivo es conseguir que los hombres que no son abusivos desafíen a los hombres que sí lo son. Y cuando digo abusivos, no me refiero solamente a hombres que le están pegando a las mujeres. Si eres un chico y estás en un grupo de chicos jugando al póker, hablando, pasando el rato, sin ninguna mujer presente, y otro hombre dice algo sexista o degradante o de acoso a las mujeres, en lugar de risa o fingir que no oyes necesitamos hombres que digan, "Eh, eso no es gracioso. ¿Sabes?, podría ser mi hermana de la que estás hablando,  ¿podrías bromear sobre otra cosa? 


Si conseguimos que los hombres que actúan de manera sexista pierdan estatus, vamos a ver una disminución radical del abuso.


Una de las muchas cosas buenas que Martin Luther King dijo en su corta vida fue, "Al final, lo que hará más daño no son las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos".  


Ha habido un montón de silencio en la cultura masculina sobre esta tragedia en curso de violencia de los hombres contra las mujeres.  Y todo lo que estoy diciendo es que tenemos que romper ese silencio, y necesitamos más hombres para hacerlo.


Necesitamos a más hombres con las agallas, con el coraje, con la fuerza, con la integridad moral de romper nuestro silencio cómplice y desafiarse unos a otros y estar con las mujeres y no contra ellas.


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